37. ¿La iglesia lucha contra el sida?

Repartir preservativos entre los jóvenes no constituye un medio eficaz para impedir que el SIDA se propague: diversos estudios demuestran que el aumento en las relaciones sexuales no va acompañado de un mayor uso de preservativos. En cambio, la implantación de comportamientos responsables, de una ética del amor, es la mejor defensa contra la propagación de esta enfermedad.

  • La Iglesia lucha contra el SIDA apelando a la ética del amor. La Iglesia nos habla de la belleza del amor humano. No es un cantante de moda, sino el Papa, quien ha dicho: “El hombre no puede vivir sin amor… su vida carece de sentido si no encuentra el amor, si no lo experimenta…” (Familiaris Consortio nº 18). ? La Iglesia también dice que sexualidad (la relación sexual) y amor son indisociables, que amor no significa nada si va acompañado de una muestra de desconfianza, de protección. ¿No resulta un poco raro decir: “Te quiero, me doy por entero a tí… pero sin embargo, no me fío y me protejo…” ? ¿A usted. qué le parece?
  • Los obispos han hablado varias veces del SIDA. Conocen bien las situaciones dramáticas, los sufrimientos que provoca. Han dicho, por ejemplo: “Existen medios profilácticos (es decir, de prevención) pero es cuestionable reducir la prevención del SIDA únicamente a su utilización” (9/1/89). El cardenal Decourtray y el cardenal Lustiger también han declarado, con toda claridad: “No deis la muerte”, añadían los obispos, “porque el respeto a la salud y a la vida del prójimo es un valor moral fundamental”.
  • En cuanto a los enfermos y “seropositivos”, es decir, lo que portan el virus sin tener aún los síntomas de la enfermedad, la Iglesia los acoge y lucha contra su exclusión social. Por ejemplo, en el caso de Francia organizando centros de acogida como los de París (Tiberíades), Lyon, Marsella… y servicios de atención en sus hospitales y clínicas: servicio Jeanne Garnier en París, centro de la Madre Teresa en Nueva York, etc.
  • En resumen, la Iglesia defiende el Amor y la Vida. Propone una estrategia de prevención más eficaz a largo plazo que el preservativo y más digna del amor. ¡Vale la pena intentarlo!

Testimonio

Dona ora. Grazie!

Miguel y Juan tenéis 26 y 28 años ¿podéis contarnos como llegasteis a ser seropositivos?

Miguel : Mi vida ha sido caótica. Creo que todo empezó cuando tenía 16 años, después de mudarme a otra ciudad, perdí de un día para otro todo lo que constituía mi vida: amigos, actividades, etc. estaba deprimido. Las relaciones con mis padres fueron de mal en peor y acabé por encerrarme totalmente en mí mismo. Después me marché de casa y me fui a vivir a París. Allí empecé a ir de bares, a saunas, entré en contacto con homosexuales y me dejé llevar.

Juan : Yo también me marché de casa por despecho y me fui a trabajar a una estación de esquí. Allí conocí a una chica que vivía en París, me enamoré y quise irme a vivir con ella. Empezamos a vivir juntos.
Pero yo quería saberlo todo de la vida. Poco antes, en la Costa Azul había conocido a unos travestis, charlamos y fumamos juntos. Y un día fui más allá…
Cuando llegué a París empecé a salir, a ir de discotecas. Como siempre quería ir más lejos que los demás, una noche me fui al Bois de Boulogne. Estaba medio borracho. Unos travestis me invitaron a ir a su apartamento. Continuamos bebiendo y tuvimos relaciones sexuales. Creo que fue entonces cuando sucedió todo.

¿Como reaccionasteis cuando lo supisteis?

Miguel : Para mí fue shock enorme. Hacía tiempo que me decía que tenía que cambiar de vida pero me dejaba llevar completamente. Creía que era libre porque podía hacer todo lo que me daba la gana. En ese momento me di cuenta que esa supuesta libertad conducía a la muerte…

Jean : En mi caso, afortunadamente, mi novia me quería de verdad y no rompimos. Pero me encerré completamente en mí mismo. Sin trabajo, me quedaba en casa horas y horas. Un día en la sala de espera del médico encontré un folleto de “TIBERIADE” que decía “Sólo tienes que empujar la puerta” y eso hice.

Ahora que los dos habéis encontrado la fe, ¿como veis vuestro pasado?

Miguel : Sé que lo que me ha llevado hasta donde estoy ha sido la soledad y el orgullo. En realidad, lo que buscaba era amor pero lo buscaba en el lugar equivocado. Desde la infancia, sin duda a causa de un trauma, me encerré en mi mismo. Buscaba y temía a la vez el amor.

¿Qué tiene que ver con eso el orgullo?

Jean : El orgullo hace que nos encerremos en nosotros mismos. Ahora me doy cuenta de que cada vez que tenía un problema me lo callaba porque creía que se burlarían de mí. Me lo guardaba todo dentro. Si tuviera que dar un consejo a la gente joven, les diría sobre todo que se tragaran su orgullo, que no se guardaran las cosas, que no intentaran arreglar el mundo. Es un ilusión ¡el orgullo hay que dejarlo en el armario!

¿Qué les diríais a los jóvenes a que ofrecen droga, por ejemplo?

Juan : La droga y el alcohol son lo mismo. Yo, por ejemplo, empecé a fumar porros muy pronto, sobre los 14 años, y cuando lo recuerdo me doy cuenta de que las cosas empezaron a torcerse en la escuela. Me pasaba toda la semana esperando el fin de semana para poderme liar un canuto y beberme unos cubatas. Eso me hacía sentir bien, me evadía. Pero se trataba de una falsa evasión ¡Los problemas, tu vida siguen estando ahí!

Miguel : Mi droga era el sexo. Porque es una verdadera droga. Me pasaba la semana pensando en la noche de placer y no vivía más que para eso. Sabía que me haría daño pero no podía dejarlo. Y, como Juan acaba de decir, lo primero que hay que hacer cuando caemos en la tentación de este tipo de experiencias, es decirlo. Buscar a alguien en que confiemos, un pariente, un amigo, un profesor y decírselo en seguida sin sentir vergüenza, porque sólo es imposible resistirse.

Y pesar de todo ¿no se siente uno sin salida?

Miguel : Sí, te das cuenta que estás cayendo en un pozo. Me quería morir pero continuaba igual porque, al fin y al cabo, había que llegar hasta el final.

¿Incluso si el final es la muerte?

Miguel : Precisamente porque el final era la muerte, que te parece que es lo único que te puede liberar, puesto que no puedes volver atrás.

 ¿Qué pensáis de la homosexualidad?

Miguel : Ahora puedo decir que me ha destruido ¿Es una reacción frente al peligro que me amenaza? No lo sé

 ¿Crees que un homosexual puede cambie de tendencia?

Miguel : En mi caso, sí, porque a los 16 años tenía una novieta. Empecé a ir con hombres a los 18. Al principio lo hacía para encontrar un hermano mayor, más que otra cosa. Hoy creo que, sexualmente, soy capaz de enamorarse de una chica.

Y con tu corazón ¿también te vez capaz?

Miguel : Sí, justamente creo que tendría mucha más necesidad de amar a una chica con el corazón, que de ninguna otra manera. Además, lo que más me afectó, cuando supe que era seropositivo fue que seguramente no tendría hijos..

Juan : Lo que puedo decir es que mis experiencias homosexuales me han decepcionado siempre en el plano afectivo. La última vez, durante la famosa noche en el Bois de Boulogne, esperaba que la relación que iba a tener con el travestí sería también una ocasión para hablar, para conocernos. Pero él se marchó en seguida y me encontré completamente solo… Es realmente sintomático que lo hagas todo para terminar con tu soledad y al final te encuentres siempre sólo..

Contadnos ¿Qué es lo he ha cambiado vuestra conversión?

Juan : Todo. Me convertí en la misa de Navidad y des de ese momento todo se me hizo claro. En la cama del hospital, con 40 de fiebre, escribí una carta de amor a mi madre. Vino en seguida con mi padre a verme al hospital y nos reconciliamos. Ahora deseo con todo mi corazón conocerles, amarles, porque en realidad no los conocía. Otro detalle: era tan nervioso que desde los 10 años me comía las uñas y ¡hace tres meses que ya no!

Miguel : Yo también he cambiado. Antes era duro y agresivo, no me interesaban los demás para nada. Ahora quiero conocerles y amarles tal como son, incluso con sus defectos.
También he decidido ir a visitar enfermos de SIDA al hospital. Voy a necesitar mucho a Cristo para aliviar mis miedos y la angustia de decirme “Así es como estarás tú…” Necesito rezar cada día. Cuando no rezo, vuelvo a hacer el tonto.

¿Y como veis vuestra vida ahora?

Miguel : Para mí es sencillo. Sé que mi única salvación es el Amor. Sólo creyendo en el Amor tendré coraje para seguir viviendo. A veces, me digo que quizás no enfermaré nunca, que dentro de cinco o seis años habrán encontrado la cura y que puedo empezar rehacer mi vida ahora.. No hay nada seguro pero rezo para que así sea.

Juan : Estamos enfermos, tal vez moriremos pronto, pero estamos hiperfelices de vivir y ¡es la primera vez que nos sucede!

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