45. Si la eutanasia no es aceptable ¿qué solución hay para aliviar los sufrimientos de los enfermos incurables?

Entre la eutanasia y el encarnizamiento terapéutico existe una tercera vía, cuyos principios fueron forrmulados hace cuarenta años en Inglaterra: son los cuidados paliativos.

Con esta denominación nos referimos a diversas iniciativas destinadas a conseguir no que el enfermo viva “más” tiempo, ya que se trata de personas en “fase terminal”, sino “mejor” lo que les resta de vida.

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Esto significa, en primer lugar, hacerlo todo para suprimir el dolor físico, lo que es posible en el 95% de los casos gracias a la utilización de medicamentos analgésicos (calmantes).

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Esto implica también que los cuidados para su confort se adapten al paciente. Es decir, que se le asee con cuidado ; que se evite que tenga llagas ocasionadas por la inmovilidad prologada en cama, colocándole sobre un colchón de agua o de aire; que se le pulverice la boca con agua para evitar su desecación – muy frecuente en la fase terminal- ; que reciba oxígeno complementario, de acuerdo con sus necesidades, etc.

A parte del alivio físico, los cuidados paliativo tienen otro aspecto : el acompañar al enfermo con el objetivo de evitar un sufrimiento moral demasiado grande ante la cercanía de la muerte. Se trata, pues, de ayudar a su familia y a las persones que le rodean; de relevarlas a la cabecera del lecho, si lo desean. Constituye tarea delicada en que escuchar es muy importante y la disponibilidad, esencial. Son, pues, voluntarios formados y asesorados por un psicólogo quienes se ponen a disposición del enfermo y de su familia.

Diversos ejemplos dan cuenta de que, en estos momentos en que la emoción es particularmente grande y la comunicación no siempre fácil, la presencia de una tercera persona puede ayudar al enfermo que no quiere alarmar a su familia. Puede, por ejemplo, descargar sobre esta persona sus inquietudes o ayudar a la familia a no tener que quedarse siempre, lo que puede resultar muy penoso.

Un voluntario nos contaba que había acompañado a un hombre de edad avanzada que un día entró en estado semi-comatoso. Acompañado de su mujer se sentó a la cabecera de la cama, la mujer, sin saber que su marido estaba aún consciente, quiso como última prueba de amor explicarle lo que sería su vida cuando el se hubiera ido: volvería a casa, se ocuparía de los nietos, etc. La presencia de un voluntario hacia posible este largo monólogo, lo que con certeza no hubiera sido posible si se hubiera encontrado sola ante un cuerpo inerte.

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En todos los casos, el enfermo de ser informado honestamente, si así lo desea, sobre el diagnóstico del médico. La persona tiene derecho a conocer exactamente su estado. Por otra parte, está demostrado que la mayoría de los enfermos que piden la eutanasia antes de comenzar los cuidados paliativos se echan atrás cuando se alivia su sufrimiento físico o moral.

El principio que preside todas estas medidas es el de proporcionar a la persona la posibilidad de vivir su vida hasta el final, sin otra intervención que la destinada a ayudarla a acercarse a la muerte lo más apaciblemente posible. El acompañamiento puede, a su vez, ser para el cristiano una verdadera preparación serena para abandonar de la vida y ponerla en manos de Dios. En definitiva, se tarta de hacer de la muerte el último acto consciente de la propia vida.