47. ¿Y la vida después de la muerte?

Sólo puede hablar de la vida después de la muerte quien ha muerto. Últimamente diversos libros y películas tratan este tema. Se basan en el testimonio de personas que, en realidad, no están muertas. Estos testimonios no pueden sino expresar una forma especial de la conciencia humana que se da en situaciones límite (coma, “muerte aparente”, etc.). La mayoría de ellas vuelve, entonces, con una voluntad de cambiar su vida.

Jesús murió, y según el testimonio de sus discípulos, resucitó. En el evangelio de San Juan, afirma:”Quien crea en Mí, aunque muera, vivirá; y quien viva y crea en Mi, no morirá.”

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Por lo tanto, es dogma de fe que resucitaremos a ejemplo de Jesús. Nuestra profesión de fe (el “credo”) habla de la resurrección de la carne. Esto significa que más allá de la muerte, seguiremos viviendo con todo lo que somos: con nuestra historia, nuestro “yo”, centro de nuestra personalidad, pero también con nuestro cuerpo. Este será recreado, pero seguirá siendo nuestro cuerpo.

San Pablo lo compara con la planta que crece a partir de una semilla: es la misma planta, pero completamente nueva. Nuestro cuerpo empieza a “espiritualizarse” desde el bautismo. Lo que existe ahora no será destruido, ni sustituido por algo diferente ; sino purificado, transformado, resucitado.

Para describir “el cielo”, la Biblia evoca imágenes de felicidad completa: participación en el banquete del Reino, estancia en la luz, paz, alegría.

¡Esta vida eterna consiste en una relación eterna de amor con este Dios que nos quiere de forma extraordinaria, y para siempre! Todo hombre es llamado a este amor; sólo quien niegue deliberadamente a Dios quedaría excluido, por su propio rechazo.

Esta vida nueva no es sólo para después de la muerte. Podemos acceder a ella ahora puesto que gracias a Jesús, el Reino de Dios está entre nosotros.

Testimonio

Hace un año celebré mis ochenta primaveras con una salud de hierro, según decían todos. Hoy no puedo decir lo mismo… Sufro una serie de problemas físicos que me hacer ir de baja, mi fragilidad va en aumento y siento como la muerte, mi muerte, se acerca… ¿Tengo miedo de que llegue? Sí, a veces me pregunto “¿qué tipo de muerte me tocará vivir? ¿estoy preparada para morir en cualquier situación de salud?”

Pero entonces me digo “Vuélvete hacia María, ella será una acompañante de excepción”, lo es ya ahora y lo será a la hora de la muerte.

Si soy capaz de alejar el miedo a la muerte es debido a esta certeza de la presencia amante de Dios a lo largo de mi vida. Sí, Dios ha velado por mí y me ha dado signos de ello.

En estos momentos me conforta mucho una frase de las Escrituras “Hagamos al hombre a imagen y semejanza nuestra”(Gen. 1, 26). Dios desea hacerme entrar en la comunión de amor que se vive entre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo ¡Quiere hacerme partícipe de ella a mi, pobre mujercita!

El cielo es esto. Veo, pues, la muerte como el paraje obligado que me conducirá a la etapa de purificación a la cual aspiro para entrar en el Reino. No es más que una “penúltima etapa”, a la que Dios me concede prepararme, desprendiéndome poco a poco de todo lo que me impide avanzar hacia Él.

Eleonor

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