
De la «Historia de un alma» de santa Teresa del Niño Jesús, virgen
(Manuscrito B, 3v°)
Estas aspiraciones, convirtiéndose en un verdadero martirio, abrí un día las epístolas de san Pablo, para buscar a mi vez algún remedio a mi tormento. Los capítulos XII y XIII de la primera epístola a los Corintios cayeron ante mis ojos. Allí leí que no todos pueden ser a la vez apóstoles, profetas y doctores, que la Iglesia está compuesta de diferentes miembros, y que el ojo no podría ser al mismo tiempo la mano.
La respuesta era clara, pero no colmaba mis deseos y no me daba la paz. Sin desanimarme, continué mi lectura y este consejo me alivió: «Buscad con ardor los dones más perfectos; pero todavía voy a mostraros un camino más excelente.»
Y el Apóstol explica cómo todos los dones más perfectos no son nada sin el Amor, que la Caridad es el camino más excelente para ir con seguridad a Dios. ¡Por fin había encontrado el descanso!
Considerando el cuerpo místico de la santa Iglesia, no me había reconocido en ninguno de los miembros descritos por san Pablo, o más bien quería reconocerme en todos.
La Caridad me dio la clave de mi vocación.
Comprendí que, si la Iglesia tenía un cuerpo compuesto de diferentes miembros, no le faltaba el más necesario, el más noble de todos los órganos;
comprendí que tenía un corazón, y que este corazón estaba ardiendo de amor;
comprendí que solo el amor hacía actuar a sus miembros, que, si el amor llegara a extinguirse, los apóstoles ya no anunciarían el Evangelio, los mártires se negarían a derramar su sangre.
Comprendí que el amor encerraba todas las vocaciones, que el amor era todo, que abarcaba todos los tiempos y todos los lugares, porque es eterno.
Entonces, en el exceso de mi alegría delirante, exclamé: «¡Oh Jesús, mi amor! ¡Mi vocación, por fin la he encontrado, mi vocación es el amor! Sí, he encontrado mi lugar en el seno de la Iglesia, y este lugar, oh Dios mío, vos me lo habéis dado: en el corazón de la Iglesia, mi Madre, yo seré el amor!… ¡Así seré todo; así mi sueño se realizará!!!»
Santa Teresa de Lisieux
Traducción por «Los Amigos de Lázaro»

